Ya estamos inmersos en las vacaciones estivales y el ritmo en nuestra
casa ha cambiado.
Los horarios ya nos son tan estrictos y el
calor y las horas de luz han trastocado un poco (demasiado) nuestra actividad.
El peque se despierta relativamente
temprano, es ver un rayo de luz y ya quiere estar en pie para hacer mil cosas aunque
media hora después esté en el sillón bostezando y cansado.
Nos pasamos la mañana jugando, dibujando,
creando muñecos con la plastilina, haciendo actividades con nuestra My LittleBook Box, leyendo libros y pasando el rato. Paseamos, vamos a comprar el pan o
al mercado y visitamos a Papá en el trabajo.
Hacemos juntos la comida y comemos sobre
las dos y después el peque me pide siesta. No me gusta dejarle dormir
mucho pero es que está agotado, no se pude despertar y raro es el día que no
duerme unas dos o tres horas.
Con las pilas cargadas volvemos a jugar,
esta vez ya con papá y a ver unos poquitos vídeos en inglés.
Y cuando ya no hace tantísimo calor
salimos a dar un paseo y al parque. ¿Qué pasa? pues que nos dan tranquilamente
las nueve y media en la calle, cuando llegamos a casa, le duchamos y le damos
la cena son casi las once, se nos va el día.
Sé que debería irse antes a la cama pero
es imposible, las horas de sol son las que nos empujan a tener este horario tan
caótico y no quiero ni pensar cuando lleguemos al pueblo, el año pasado nos
daban tranquilamente las dos de la mañana en la plaza con la fresca.
No me preocupa la verdad, duerme
suficientes horas y esta activo y feliz, y es VERANO y en verano las normas
están para saltárselas.
Estas dos próximas semanas tiene
campamento urbano por la mañana, veremos con que humor se despierta para ir.
¿Los vuestros siguen yéndose a dormir
pronto?
