Este fin de semana lo hemos pasado en el pueblo, allí se duerme con mantita y escapar del calor asfixiante que está haciendo en Madrid es toda una gozada.
Que el enano se lo ha pasado bien es quedarse corto, se lo ha pasado ¡fenomenal!.
Desde un kilómetro más o menos empezó a tener consciencia de donde íbamos y se puso a chillar de contento y a llamar a mi madre y al perrito.
Estaban mis hermanos con mis sobrinos y se lo ha pasado en grande con los primos.
Se ha tirado por las cuestas del pueblo con su primo mayor en un coche de niños desvencijado ¡inconsciente!, se ha hecho su primera heridas de guerra y se ha marcado las rodillas (un rasguño apenas visible), ha jugado con los coches de su primo Javier, ha hecho guerras de agua, ha jugado en el parque, en los columpios, en la plaza....
Pero una de las cosas que más les ha gustado ha sido volar las cometas. Como mi sobrino Javier había sacado buenas notas en su primer año escolar le regalamos una cometa y le compramos otra a Eric.
Hemos tenido suerte y nos ha hecho dias con bastante viento y hemos podido volarlas, los pequeñajos estaban como locos viendo en el cielo a Cars y a Mickey, pero el que más disfrutó fue mi sobrino Ian que consiguió volarla muy, muy alto.
Me encanta verle disfrutar de pueblo, allí veo que potenciar otra parte de su autonomía, de su personalidad que en Madrid no hace.
¡Ole el pueblo!.