Quería que le revisara los dientes, ver si tenía algún principio de caries, si se le había corregido completamente la mordida...
El peque se portó fenomenal, estaba entusiasmado con el tema, le gustó muchisimo el sillón "espacial" de la dentista, que sube y baja con un botón y del que sale ¡¡agua!!.
Preguntaba en todo momento que eran los aparatos que sacaba y abría la boca como un auténtico león.
No mostró miedo en ningún momento.
La dentista era super simpática y con muy buen rollito con el peque desde el primer minuto.
Le contó los dientes, le miró si tenía caries, comprobó su mordida... todo estaba perfecto.
Le felicitó por los dientes tan blancos que tenía y el peque se puso muy feliz, le dijo "es que me los cepillo muchas veces".
Supongo que si le hubiesen tenido que tratar una caries la historia hubiese sido diferente, pero tengo que reconocer que estaba muy dispuesto y muy colaborador.
No se si habrá ayudado en el tema el que llevemos varias semanas apoyándonos en un libro:
- Al dentista por primera vez. De la Editorial Siete leguas.
Y en el capítulo de Érase una vez la vida, sobre la caries:
La verdad es que está muy concienciado y cada vez que come un caramelo se quiere lavar los dientes para que no le salgan caries.
¿Vosotros ya habéis llevado a los vuestros al dentista?
