Llevo un tiempo leyendo vuestras experiencias con la cesárea.
Antes de dar a luz nunca pensé lo traumática que podía ser una cesárea. Es más, hubo momentos en mi embarazo que pensé (que mala es la ignorancia) que prefería una cesárea y así evitar el dolor del parto.
Tuve suerte, pude dar a luz vaginalmente, mi parto fue bueno y lo digo ahora con la sabiduría que me ha dado el paso del tiempo (31 meses). En aquel momento me pareció malo y muy doloroso, porque no me pudieron poner la epidural.
Lo que he visto/leído todo este tiempo es que muchas os habéis sentido mal, que el no haber podido tener a vuestro pequeño con un parto natural os ha creado un malestar que algunas habéis arrastrado varios meses.
Es una decepción que no puedo explicar porque no la he vivido, pero que entiendo perfectamente.
Yo no pude dar el pecho a mi hijo, no pude. De nada sirvió un millar de enfermeras, ni grupos de lactancia ni libros, tesis, posturas…
Fue algo muy frustrante y muy desesperante.
Cuando leo lo que se disfruta dando el pecho (aunque al principio duela), lo maravilloso que es… duele, sigue doliendo, es una espinita que tengo clavada y que seguramente nunca llegue a sanar.
Pero no por eso me considero pero madre o menos madre que una que amamanta. No lo soy, ni por supuesto voy a dejar que nadie lo piense y mucho menos que nadie me diga que no siento el mismo cariño/conexión por/con mi hijo que una madre que da el pecho.
Hay cosas que se escapan de nuestras manos, cosas que no podemos hacer y contra las que no podemos luchar.
Todas hubiésemos preferido tener un parto precioso, respetado, vaginal, con la lactancia magnífica… pero tenemos que entender que no siempre se puede tener, y lo que no podemos consentir es que muchas madres se sientan mal o peores madres por no tener ese escenario tan perfecto.
Ya bastante difícil es ser madre como para ir poniéndonos zancadillas unas a otras.
Soy la mejor madre que puede tener mi hijo simplemente porque SOY SU MADRE y que alguien se atreva a decirme lo contrario.