Soy la persona que más tiempo pasa al día con el enano, le despierto, desayunamos juntos, le llevo al colegio, le recojo, le doy de merendar, le llevo a las extraescolares, jugamos juntos, hacemos actividades en casa, vamos al parque...
Hay días en los que tenemos mucha suerte y Papá llega pronto del trabajo, juega con nosotros y disfrutamos los tres en amor y compañía.
Al pasar más tiempo con el peque tengo muchas mas probabilidades de enfrentarme a sus momentos malos, a rabietas, cabezonerias, trastadas y me toca poner límites y eliminar privilegios.
Cuando Papá llega tarde el enano se encarga de decirle que ha hecho lo que sea mal y que "mamá me ha dejado sin dibus", me ha salido muy chivato.
Tenemos días torcidos en los que me toca discutir con él varias veces, me enfado, se enfada y acabamos de mal humor. Papá llega de trabajar y tiene el momento cuento juntos, les oigo reírse y me siento fatal.
Siento que soy el ogro de la casa, la que le dice "come, ordena, coge eso, haz lo otro, no hagas eso..." no es que Papá no le regañé o no me apoye es que no está para ver las cientos de ocasiones en las que tengo que hacerlo sola.
Hace unos días una amiga me decía que sentía como su peque se estaba distanciando de ella, que prefería estar con su padre. Mi consejo fue que buscase algo que se le diera fenomenal hacer juntos, leer un libro, ir al parque, comer chuches, algo exclusivo madre e hijo y 100% divertido para los dos, eso reforzaría la relación de los dos y al menos ella tendría esos momentos a los que aferrarse.
Yo también tengo momentos en los que me siento la mala de la película, la que se lleva la parte fea de la educación pero se me olvida cuando mi peque me llama voz en grito diciéndome "mama te quiero", nos comemos a besos y nos damos abrazos de oso.
Puede que no se cumpla en todas las hogares/ocasiones pero mi madre siempre ha dicho "quieres mucho a tu padre pero cuando te duele algo, estas triste o sufres acudes a los brazos de tu madre".
